Manifiesto (III)

PREAMERICA
El hombre del Tawantinsuyu
El
hombre de la sociedad inkaica tiene nítida conciencia de su dignidad.
No sabe mentir, no sabe robar, no sabe explotar a su semejante. El hombre
inka trabaja; y trabaja alegremente. El que no trabaja no come. El trabajo
es una ley natural. Su incumplimiento se castiga con la pena capital.
La Nación inka posee un territorio, tiene una lengua, una religión
y un gobierno sabio. El Estado es paternal. El Inka cuida de sus súbditos
con la solicitud y el desvelo del mejor padre de familia. En el inkanato no
hay hambre ni desnudez. Era delito tener hambre y estar desnudo. La tierra
es un bien común, todos la trabajan, y la Pachamanca a todos nutre,
generosamente. El sol es el padre protector del hombre. El principio de que
el hombre viene de la tierra y torna a ella, aquí es una evidencia.
La religión inka, telúrico-sabeísta (Pachamama e Inti),
es una religión de amor, de fe y de esperanza; no está condicionada
a ningún premio ni castigo; no concibe ni imagina el cielo ni el infierno
para el alma del hombre. El paraíso está en la tierra y en esta
vida. El dios Inti, no arroja como Jehová a ningún Adán
ni a ninguna Eva, del Paraíso terrenal. Ni condena al hombre a esta
satánica sentencia: "Comerás con el sudor de tu frente;
y la tierra te producirá más espinos que frutos"; ni lanza
contra la mujer esta maldición: "Parirás con dolor; y como
víbora te arrastrarás hasta la consumación de los siglos".
El
Inti y la Pachamama a diferencia del terrífico Jehová, respiran
y rezuman amor; y hacen del hombre un ser alegre, amante del bien y la paz.
La filosofía inka tiene la misión de ennoblecer la vida. La
dicha, el amor y la paz son un goce social.
El enanismo físico que hoy se ve en el indio, no había en el
Inkanato. Su estatura (la mínima) era de dos metros. Sus nervios eran
de acero. Sus músculos eran carne sin un adarme de grasa.
El fundamento y la razón del poder del Estado y de la soberanía
del Imperio, de aquel que era tres veces más grande que el Imperio
Romano de los Césares, se basa en el trabajo organizado y planificado.
Y el trabajo no es una imposición a horca y látigo. Es una obligación
natural; una ley social, que todos cumplen, desde el Inka -el hijo todopoderoso
del Sol- hasta el último súbdito hábil del reino.
Como
no hay explotación ni robo, no se conoce la mendicidad ni la prostitución.
La sífilis, el chancro, la lepra llegan a América con los españoles.
El matrimonio es una institución de absoluta monogamia para el pueblo.
La adelfogamia del Inka es un sagrado rito religioso. El homicidio, como el
adulterio, se castiga con la pena capital.
La
dirección de la ideología del Imperio se halla a cargo del Consejo
de Amautas. La soberanía del Inka vigila y garantiza un ejército
invencible.

No se conoce la mendicidad ni la prostitución...
Era delito tener hambre y estar desnudo.
LA TIERRA ES UN BIEN COMÚN.
